—No puedes tomar una decisión así por lástima.
—No es lástima, Héctor. Tengo treinta y ocho años, trabajo, tengo un hogar y sé lo que implica criar a alguien. No voy a prometerle nada hasta que las autoridades decidan.
Su hermano guardó silencio.
El lunes siguiente, a las dos de la tarde, Ricardo volvió a llamar.
Su voz era grave.
—Héctor, el representante de Barragán acaba de ofrecerme una operación por noventa y seis millones de pesos.
Héctor se quedó inmóvil.
Aquella cantidad solamente había sido mencionada delante de Daniel