despedidos, contratos millonarios y discusiones terribles, pero jamás imaginó que un niño desconocido descubriría algo que todo el departamento de seguridad había pasado por alto.
—Ven conmigo, Mateo. Vamos por unas galletas.
No tocó la planta.
Cinco minutos después, Héctor Salcedo, propietario de la empresa, recibió una llamada urgente.
—Licenciado, tenemos un problema. Encontramos una cámara escondida en la sala donde usted negocia los contratos.
—¿Quién la encontró?
Ernesto miró al niño, que estaba sentado con una taza de chocolate caliente entre las manos.
—Un pequeño que nos encontramos esta