mañana en la entrada.
Héctor sintió un escalofrío.
Durante seis meses había perdido tres contratos importantes frente a su principal competidor, Mauricio Barragán. Lo extraño era que Barragán siempre ofrecía condiciones ligeramente mejores que las suyas.
Si Héctor proponía un descuento del cinco por ciento, Mauricio ofrecía seis. Si prometía mantenimiento gratuito durante doce meses, el otro ofrecía dieciocho.
Parecía conocer cada palabra pronunciada en aquella sala.
—No quiten la cámara —ordenó Ramiro, jefe de seguridad—. Si está transmitiendo, quien la instaló sabrá que la descubrimos. Necesitamos averiguar quién está