—Entonces no ha ganado nada.
Héctor respiró profundamente.
—He recuperado la posibilidad de trabajar sin que alguien venda mi confianza a mis espaldas.
Cuando Daniel salió, Héctor se quedó solo durante varios minutos.
Había imaginado que descubrir al culpable le produciría satisfacción.
En cambio, sintió que acababa de perder a un miembro de su familia.
Aquella tarde, Sergio entró a la oficina.
—Ya me dijeron lo que pasó con Daniel.
Héctor.
—Fue él.
Sergio se sentó lentamente.
—Durante meses pensé que había dejado de ser bueno en mi trabajo. Recalculé