Colgué el teléfono y me quedé mirando el reflejo de mi rostro en el cristal oscuro de la escotilla.

financiaron los primeros astilleros del puerto, había transferido la titularidad de los consorcios marítimos a un fideicomiso ciego cuya única beneficiaria universal era la madre de su único nieto varón.

Valeria intentó hablar, pero el sonido de una tos ronca procedente del final del corredor la interrumpió en seco.

El capitán de corbeta Ramos, el oficial de seguridad del buque y un leal subordinado de Alejandro de la vieja guardia, se acercaba con una tableta digital bajo el brazo, observando la escena con ojos suspicaces.

—Señorita Morales, el comandante solicita