vez que quiera decidir quién merece ser esposa de su hijo, quizá convenga preguntar primero si la candidata ya tiene marido.
Teresa bajó la mirada.
Fernanda recogió su bolsa. Antes de salir, se volvió hacia Daniel.
—Diles algo. Tú sabes que tu mamá siempre quiso que volviéramos.
Daniel la miró largo rato.
—Mi mamá puede querer lo que sea. Yo debí decirte desde la primera llamada que no volvieras a buscarme. Y debí decirle a ella que dejara de meterse en mi matrimonio.
Teresa levantó la cabeza.
—Daniel…
—No, mamá.