encontré fotografías públicas de una boda celebrada casi dos años atrás. Fernanda aparecía vestida de blanco junto a un hombre alto y sonriente.
Su esposo se llamaba Ricardo.
A la mañana siguiente, Teresa me sorprendió con café de olla, pan dulce y una sonrisa extraña.
—Hoy no cocines. Yo haré una cena por tu cumpleaños. Daniel llegará temprano y vendrán unos invitados.
Horas después, en la oficina, recibí una alerta del sistema de seguridad que yo misma había instalado porque Teresa solía olvidar la puerta abierta. Había movimiento en la