sala. Al revisar el audio del intercomunicador, escuché su voz.
—No te preocupes, Fernandita. Hoy la sacamos de aquí. Daniel nunca dejó de quererte.
Luego oí a Fernanda:
—¿Y si él se enoja? Últimamente me pide que deje de llamarlo.
Teresa soltó una risa seca.
—Eso es miedo. Mariana lo controla. Tú ven arreglada. En plena cena voy a decir que esta casa necesita a su verdadera mujer.
Apagué el audio.
Daniel no estaba planeando una infidelidad. Era peor de una forma distinta: sabía que su ex lo buscaba, sabía