que su madre la alentaba y no había tenido el valor de contarme nada.
Y Teresa pensaba humillarme en mi propio cumpleaños.
Lo que ninguna de las dos sabía era que yo ya había encontrado el acta de matrimonio de Fernanda… y que su esposo no estaba tan lejos como ella creía.
Aquella noche guardé los documentos en mi bolsa y respiré hondo.
Mi fiesta de cumpleaños iba a convertirse en algo que ninguno de ellos olvidaría.
Y lo peor todavía ni siquiera había empezado.
PARTE 2
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