el ceño.
—¿Invitada principal?
Mi suegra no respondió.
A las siete en punto sonó el timbre.
Fernanda entró con un vestido rojo, un ramo enorme de rosas blancas y la seguridad de quien cree que ya ganó. Daniel se puso pálido.
—Mamá… ¿qué hace ella aquí?
Teresa lo obligó a sentarse con una mano en el hombro.
—Escúchame primero.
Después levantó su copa.
—Hoy es un día especial. Mariana cumple años, sí, pero también es momento de corregir un error que esta familia ha soportado demasiado tiempo.
Yo permanecí sentada.