la empresa.
Los ojos de Elena se llenaron de lágrimas.
—Mi hijo tuvo miedo también.
La diferencia es que él sí hizo algo.
Alejandro no intentó defenderse.
Al terminar la reunión, Elena tomó una decisión.
—Hasta que se esclarezca todo, no quiero que vuelva a ver a Sofía.
Aquellas palabras le dolieron más de lo que esperaba.
Pero respondió:
—Entiendo.
—No le pida a mi nieta que lo perdone por algo que todavía no comprende.
—Jamás lo haré.
Durante las siguientes semanas, Alejandro no llamó a la niña ni apareció