familia —ordenó.
—¿Perdón?
—Que revise el contrato con su abogado.
Si no quiere firmar, buscamos otra empresa.
—Alejandro, nosotros no trabajamos así.
—Entonces tendremos que cambiar.
Colgó y miró hacia la escuela.
—Cancela mi reunión.
El escolta abrió los ojos.
—¿Los 32 millones?
—La niña me pidió 50 minutos.
Puedo dárselos.
Regresó al auditorio, pero una maestra lo detuvo.
—Disculpe, señor. ¿Es familiar de algún alumno?
—No.
Una niña llamada Sofía Beltrán me pidió acompañarla.
La profesora desconfió inmediatamente.
Contactó a su abuela, quien era su tutora legal, verificó la