así como sus servidores informáticos cifrados, asegurando así la preservación de todo el rastro de sus transacciones financieras ilegales.
Permanecí inmóvil en el interior de la tranquila comisaría, observando en varios monitores de vigilancia cómo culminaba con éxito mi exhaustiva operación encubierta.
Firmé con total seguridad los documentos de autorización legal definitiva, sabiendo que mi traicionera familia se dirigía, por fin, directamente a una prisión federal.
PARTE 4 – FINAL
Habían pasado 14 meses desde aquella caótica mañana de la redada táctica coordinada, y el juicio federal llegaba por fin a