su etapa final.
El fiscal federal principal se colocó con seguridad ante el estrado y procedió a leer, en voz alta y para que constara en el registro público permanente, cada una de las pruebas documentales falsificadas.
Proyectó, con total claridad, el video de vigilancia que mostraba el allanamiento ilegal, dejando a los acusados, acorralados, sin posibilidad alguna de negar sus actos delictivos.
La abrumadora cantidad de pruebas digitales irrefutables anuló por completo cualquier patético intento de la defensa por lograr un acuerdo de culpabilidad más benévolo.
El juez federal