al agente.
—¿Por qué ha traído usted a nuestra madre?
Antes de que pudiera responder, otro vehículo policial apareció frente a las puertas de cristal.
Todos se quedaron inmóviles.
La puerta exterior se abrió.
Un hombre entró con paso inseguro.
Era Diego.
Llevaba uniforme policial.
El cabello corto.
Los zapatos impecables.
Y una placa recién colocada sobre el pecho.
Durante varios segundos nadie dijo nada.
Rubén fue el primero.
—No puede ser.
Diego miró a Carmen.
—Feliz cumpleaños, mamá.
Ella apenas consiguió hablar.
—¿Qué llevas puesto?
Diego respiró profundamente.
—Mi