Cumplí 60 años frente a una mesa preparada para mis 6 hijos, pero después de 4 horas seguían vacías todas las sillas. Ninguno contestaba mientras mi tarta se consumía delante de mí. Entonces un policía llamó a mi puerta con una nota de mi hijo: «No llames a nadie. Ven con el agente». Cerré la casa y subí al coche; aún no sabía quién me esperaba.

aparecieron sonriendo.

Hasta que vieron la cara de Carmen.

—Mamá… —comenzó Álvaro.

—He esperado 4 horas.

Nadie respondió.

—He llamado a todos.

Pensé que os había ocurrido algo.

Irene empezó a llorar.

Rubén bajó la mirada.

Álvaro explicó que habían preparado una fiesta sorpresa.

Diego debía recogerla a las 17:30 y llevarla allí.

Los demás tenían prohibido contestar para no revelar el plan.

—Diego decía que llegaba enseguida —admitió Mateo—.

Luego dejó de escribir.

Carmen miró alrededor.

—¿Dónde está?

Nadie lo sabía.

El miedo regresó de golpe.

Lucía miró