seguía teniendo la misma expresión del niño que aparecía en la cocina después de romper algo y no sabía cómo confesarlo.
Lucía fue la primera en reaccionar.
—¿Se puede saber en qué estabas pensando?
Diego levantó ligeramente las manos.
—Sé que ha salido fatal.
—¿Fatal? —respondió ella—.
Has enviado a un agente a casa de mamá con una nota misteriosa después de que ninguno contestara durante horas.
—No era el plan.
Carmen seguía sin apartar los ojos de él.
—Explícamelo desde el principio.
El salón quedó en silencio.
Diego respiró