Cumplí 60 años frente a una mesa preparada para mis 6 hijos, pero después de 4 horas seguían vacías todas las sillas. Ninguno contestaba mientras mi tarta se consumía delante de mí. Entonces un policía llamó a mi puerta con una nota de mi hijo: «No llames a nadie. Ven con el agente». Cerré la casa y subí al coche; aún no sabía quién me esperaba.

profundamente.

Más de 1 año antes había empezado a prepararse para unas oposiciones policiales.

No se lo contó a ninguno de sus hermanos.

Mucho menos a Carmen.

Durante meses estudiaba cuando terminaba su trabajo en una empresa de logística.

Entrenaba antes del amanecer.

Ahorró para pagar una academia y rechazó varias reuniones familiares diciendo que estaba haciendo horas extra.

Álvaro frunció el ceño.

—¿Aquellos domingos también?

Diego asintió.

—También.

Había superado las pruebas teóricas.

Después las físicas.

Luego llegaron entrevistas, comprobaciones y una revisión exhaustiva de su pasado.

Aquella parte