Tenía 17 años.
Había cogido sin permiso el coche familiar y lo había dañado contra una columna de un aparcamiento.
Carmen necesitaba aquel vehículo para trabajar.
Podría haberlo expulsado de casa.
Podría haberle dicho que era igual que su padre.
No lo hizo.
Después de llorar a solas en la cocina, entró en su habitación y se sentó frente a él.
—Lo que has hecho tiene consecuencias —le dijo—.
Tendrás que asumirlas.
Pero no voy a permitir que utilices este error como excusa para convertirte en alguien que no quieres