las 17:00 debía estar toda la familia reunida.
A las 18:00 no había llegado nadie.
A las 19:00 Carmen volvió a meter las carrilleras en el horno.
A las 20:00 llamó por segunda vez a cada uno.
Ninguno respondió.
Lo peor no era la comida enfriándose.
Era el silencio.
Durante 21 años Carmen había criado prácticamente sola a sus hijos.
Su marido, Julián, había abandonado la casa cuando Irene apenas tenía 7 años.
Se marchó con otra mujer después de sacar 12.600 euros de la