instituto debajo del brazo.
Amplié su mano sobre mi hombro hasta que la imagen perdió nitidez.
Llamé a mi padre.
—¿Le dijiste que yo sabía lo del dinero?
—Clara, el taller daba de comer a todos.
—¿Se lo dijiste?
No respondió.
Mientras esperaba la documentación bancaria, Inés retomó el contacto con Ricardo Beltrán, el interesado en la vivienda.
Había suministrado recambios al taller y conocía la casa porque había visitado a mi padre allí.
Ahora buscaba mudarse cerca de su hija.
Le dije a Inés que esa relación me incomodaba.