Mi madre cambió la cerradura de la casa que yo pagaba. Al volver del trabajo, me dejó la cena en el patio: “Tú entras cuando dejes de oler así”. Mi padre me oyó suplicar y tampoco me abrió la puerta.

Organizó una reunión para aclararlo antes de que yo aceptara ninguna oferta.

Ricardo llegó con una carpeta que yo reconocí: llevaba impreso el antiguo logotipo del taller.

—Tu padre me ha llamado —dijo—.

Me ha pedido que te explique que no tuvo otra salida con los ahorros de tu abuela.

Se me secó la boca.

Ricardo abrió la carpeta.

—Pero sí la tuvo.

Y tengo por escrito por qué la rechazó.

PARTE 3

Ricardo puso sobre la mesa una oferta de compra de maquinaria y varios correos impresos.

—Le propuse