Mi madre cambió la cerradura de la casa que yo pagaba. Al volver del trabajo, me dejó la cena en el patio: “Tú entras cuando dejes de oler así”. Mi padre me oyó suplicar y tampoco me abrió la puerta.

llamar al timbre.

Sonó dentro, entre los anuncios de la televisión, y mi madre volvió a decirme que me fuera al patio.

Por el cristal vi a mi hermano Iván mirando la televisión.

Sonia, su mujer, recogía los platos de mis 2 sobrinos.

Mi padre estaba en su butaca, tan cerca que podía oírme sin levantar la cabeza.

—Papá necesita la medicación esta noche.

—Pues date prisa.

Se enfría el salón.

Mi madre cerró.

Rodeé la vivienda hasta el patio.

Sobre la lavadora había un táper con lentejas, una cuchara