arreglamos la vida de nadie aquella mañana.
Inés dejó una propuesta de entrega y les recomendó revisarla con asesoramiento propio.
Mi madre se negó a firmar nada.
Salí con la taza de café intacta sobre la mesa.
La discusión duró varias semanas.
Hubo llamadas de familiares, mensajes sobre mis sobrinos y una tarde en que estuve a punto de ofrecerme a pagarles otro alquiler.
Miré las bolsas de ropa que seguían junto a mi cama y borré el mensaje.
Finalmente acordamos una fecha.
Mis padres encontraron un piso que podían