venían dos guerreros.
Entre ambos transportaban algo largo envuelto en una oscura piel de búfalo.
Los hombres desmontaron.
Colocaron cuidadosamente el bulto sobre el suelo.
Elias miró aquello.
Después miró los cientos de jinetes que rodeaban su propiedad.
El anciano pronunció varias palabras en apache.
Elias no comprendió ninguna.
La mujer desmontó.
Caminó directamente hacia él.
Se detuvo junto al objeto cubierto.
Por un instante volvió a mirarlo exactamente como el día anterior, cuando él había extendido aquel cucharón de agua sin acercarse demasiado.
Luego bajó la vista.
Sus dedos