LE DIO AGUA A UNA MUJER APACHE ENORME… AL AMANECER, TRESCIENTOS GUERREROS HABÍAN RODEADO SU RANCHO

en verdad.

Cuando vio las colinas cubiertas de guerreros, detuvo su caballo.

—¡Santo Dios!

Los hombres detrás de él comenzaron a llevar las manos hacia sus rifles.

Tala se volvió inmediatamente hacia los suyos.

Levantó una mano.

Ningún guerrero se movió.

Elias vio al viejo Nantan observarla.

No necesitaban palabras para entenderse.

Ella quería evitar que un movimiento equivocado convirtiera aquella mañana en una matanza.

Elias caminó hacia los hombres de Silver Creek.

—Bajen las armas.

Shaw lo miró como si hubiera perdido la razón.

—¿Estás loco? ¡Tienes trescientos apaches