Elias giró hacia el camino.
Una nube de polvo avanzaba entre los mezquites.
Primero distinguió seis jinetes.
Luego doce.
Finalmente casi treinta hombres aparecieron por el sendero que llevaba desde Silver Creek.
Al frente cabalgaba el sheriff Amos Reed.
Junto a él iba Gideon Shaw, dueño del rancho más grande de la región después del de Elias.
Shaw era un hombre de cincuenta años, ancho de cintura, con barba gris y una costumbre que Elias conocía demasiado bien: hablaba como si el volumen de su voz pudiera convertir cualquier cosa