LE DIO AGUA A UNA MUJER APACHE ENORME… AL AMANECER, TRESCIENTOS GUERREROS HABÍAN RODEADO SU RANCHO

—¿Hasta dónde?

Ella señaló hacia el sur.

—Hasta el camino de Silver Creek.

Un murmullo inquieto recorrió a los jinetes.

Shaw negó inmediatamente.

—Eso no significa nada. Todo el mundo usa ese camino.

—Por eso nadie está acusando todavía a todo el pueblo —dijo Elias.

Tala lo miró.

Aquella palabra importaba.

Todavía.

El sheriff Reed se acercó al cuerpo.

—Quiero ver la herida.

Nantan tensó el rostro.

Tala habló con él durante unos segundos.

Después retiró lo suficiente la manta para que el sheriff pudiera observar sin tocar al muerto.