LE DIO AGUA A UNA MUJER APACHE ENORME… AL AMANECER, TRESCIENTOS GUERREROS HABÍAN RODEADO SU RANCHO

contra los tablones de la cerca, casi sin fuerzas.

Pero incluso encorvada resultaba imposible no notar su tamaño.

Era extraordinariamente alta.

De hombros anchos, piernas largas y brazos fuertes, parecía hecha para sobrevivir en un territorio donde todo exigía resistencia.

El polvo cubría sus ropas de piel.

Su cabello negro caía suelto alrededor del rostro.

Una línea de sangre seca cruzaba un lado de su frente.

Las cuentas de turquesa que llevaba alrededor del cuello estaban opacas por la tierra.

Sus labios estaban partidos.

Elias se detuvo a varios pasos