de distancia.
La mujer levantó los ojos inmediatamente.
Miró sus manos.
Después el cuchillo que llevaba al cinturón.
Luego calculó la distancia entre ella y el caballo más cercano.
Incluso al borde del desmayo seguía buscando una forma de escapar.
Elias entendió.
No avanzó.
Regresó lentamente al pozo, llenó un cucharón metálico y extendió el brazo desde lejos.
—Agua.
La mujer lo observó.
Él esperó.
No intentó acercarse.
Finalmente ella extendió la mano.
Bebió despacio.
Una vez.
Después otra.
Y una tercera.
No derramó una sola gota.
A pesar de