LE DIO AGUA A UNA MUJER APACHE ENORME… AL AMANECER, TRESCIENTOS GUERREROS HABÍAN RODEADO SU RANCHO

alimento escribió unas pocas palabras.

“Mujer apache. Herida. Le di agua. Caminó hacia el norte.”

Cerró el libro.

Apagó la lámpara.

Y durmió.

Al amanecer, trescientos guerreros lo estaban esperando.

Elias salió lentamente al patio.

Nadie disparó.

Nadie gritó.

Ningún caballo avanzó.

Aquello lo inquietó más que una amenaza abierta.

Entonces un jinete mayor descendió desde la cresta oriental.

Tenía el cabello gris hasta los hombros.

No llevaba adornos exagerados ni pintura de guerra.

No los necesitaba.

Los demás hombres observaban cada movimiento suyo.

El anciano detuvo su caballo a