El vecino gruñón que nos enseñó a sentarnos con el miedo.

que hacía semanas no sentía.

Alivio.

No por mí.

Por ella.

Me di cuenta de que yo estaba tan ocupado teniendo miedo a morirme que había olvidado otra cosa terrible.

Lucía también estaba perdiendo una vida.

La nuestra.

La que habíamos construido con paciencia, con discusiones tontas, con fines de semana de limpiar la casa y ver cualquier película mala en el sofá.

Ella no solo cuidaba a un enfermo.

Ella cuidaba el recuerdo de un matrimonio mientras seguía intentando vivirlo.

Aquella noche, cuando se acostó, le cogí la mano.