El vecino gruñón que nos enseñó a sentarnos con el miedo.

“La salud hay que cuidarla”.

Ahora esa frase me duele.

Porque yo la cuidé.

Y aún así, el cáncer llegó.

Todo empezó con un dolor de barriga.

Nada escandaloso. Nada que te haga pensar que tu vida está a punto de romperse. Solo una molestia baja, pesada, que iba y venía. Pensé que sería estrés. O algo que había comido. O una tontería de esas que uno deja pasar porque tiene cosas que hacer.

Lucía me vio apoyándome en la mesa de la cocina.

“Diego, pide cita. No lo dejes”.