«¡Desocupa el dormitorio! ¡Mi hermana va a vivir aquí!», ordenó mi suegra mientras extendía las pertenencias de otra persona sobre nuestra cama.

tenido problemas con ella y necesita tranquilidad.

—¿Qué tía política?

—Mi hermana Pilar. No pongas esa cara, Laura. No estamos hablando de una desconocida.

Dejé la bolsa sobre el pasillo.

—Mercedes, esta es mi habitación. Y esta es mi casa.

Entonces sí se giró.

Llevaba una blusa verde esmeralda, el pelo recién teñido y aquella expresión que utilizaba cuando alguien tenía la insolencia de no darle la razón.

—Tu casa y la de mi hijo —corrigió—. Y precisamente porque es la casa de mi hijo, su familia tiene derecho a