tenido problemas con ella y necesita tranquilidad.
—¿Qué tía política?
—Mi hermana Pilar. No pongas esa cara, Laura. No estamos hablando de una desconocida.
Dejé la bolsa sobre el pasillo.
—Mercedes, esta es mi habitación. Y esta es mi casa.
Entonces sí se giró.
Llevaba una blusa verde esmeralda, el pelo recién teñido y aquella expresión que utilizaba cuando alguien tenía la insolencia de no darle la razón.
—Tu casa y la de mi hijo —corrigió—. Y precisamente porque es la casa de mi hijo, su familia tiene derecho a