haber respondido. Recuerdo el uniforme, el olor de mi propia cocina, la mesa puesta para tres. Me dijeron que un conductor borracho se había pasado un alto y había golpeado la camioneta de Joaquín por el lado del conductor.
—Solo dígame si están vivos —susurré.
El oficial bajó la mirada.
—Su esposo falleció en el lugar. Su hijo está vivo, pero está en cirugía. Su estado es crítico.
El mundo no se rompió con ruido. Se apagó.
En el hospital, la doctora Medrano me explicó palabras que ninguna madre debería