a pescar al Lago de Chapala. Salieron a las 8 de la mañana, riéndose porque Mateo llevaba más comida que anzuelos. Yo los despedí desde la puerta, con una sensación tranquila en el pecho. A las 6 debían estar de regreso. A las 7 llamé a Joaquín y se fue al buzón. A las 8 empecé a caminar por la sala.
A las 8:47 tocaron la puerta.
Dos policías estaban afuera. En cuanto vi sus caras, mi cuerpo entendió antes que mi mente.
—¿Usted es Angélica Herrera?
No recuerdo