Mi marido me dejó congelándome durante tres días en una cabaña aislada y después llamó como si nada: “Pide perdón y mandaré a buscarte”. En lugar de obedecer, activé un comunicador que mi familia me había entregado cinco años atrás. Cuando su mayordomo apareció con los documentos del divorcio, estaba seguro de que yo no tenía escapatoria. Hasta que escuchó los motores acercándose…

dejado de funcionar desde la primera noche. Mi celular apenas tenía señal y la fiebre me hacía perder la noción del tiempo.

—Valeria, deja de hacerte la víctima —continuó Alejandro—. Renata está embarazada y necesita tranquilidad. Si reconoces que la empujaste, mandaré al chofer por ti.

Del otro lado escuché risas, música y el tintineo de unas copas.

Él estaba celebrando mientras yo apenas podía mantener los ojos abiertos.

Tres días antes, Renata Molina, su antigua novia, había aparecido en una reunión familiar mostrando orgullosamente su embarazo.

En mitad de