la terminal para cobrar el apartado de cincuenta mil pesos.
Graciela introdujo la primera tarjeta.
Operación rechazada.
Probó con la segunda.
Rechazada.
Con la tercera ocurrió exactamente lo mismo.
—¡Su terminal está descompuesta! —gritó.
La asesora verificó la conexión y pidió que intentara nuevamente.
Pero ninguna tarjeta funcionó.
Fernanda comenzó a llorar frente a otras familias que estaban visitando los departamentos muestra.
—¡Mamá, me prometiste que hoy quedaría todo arreglado!
Diego me llamó desde el número de Graciela.
Esta vez contesté.
—Mariana, por favor, ven. Necesitamos hablar contigo.
—¿Para qué?