Acababa de recibir mi acta de divorcio cuando mi exsuegra gritó: “Lárgate, ya no tenemos nada que ver contigo”. Saqué el celular y cancelé las 8 tarjetas con las que había gastado mi dinero durante 3 años. A las tres de la tarde, intentó pagar el departamento de su hija y todo fue rechazado… entonces mi exmarido hizo una confesión que nadie esperaba.

sentí una mezcla de tristeza y alivio.

Ni siquiera había terminado el día de nuestro divorcio y seguían tratándome como su cajero automático.

Mientras tanto, en la oficina de ventas de un fraccionamiento residencial de Juriquilla, Graciela estaba viviendo la peor humillación de su vida.

Eso me lo contó después la propia asesora inmobiliaria, cuando tuvimos que aclarar que yo no había autorizado ninguna operación.

Graciela llegó acompañada de Diego y Fernanda, presumiendo que pagaría trescientos mil pesos entre el apartado y la primera parcialidad del enganche.

La asesora preparó