Allie.
—Inténtalo de nuevo, Patty.
Sus ojos brillaron con dureza.
—Le cortaste el pelo, guardaste las cosas de William, dejaste de traerla los domingos. ¿Y ahora te asombra que yo quiera que ella recuerde a su padre? ¿A mi hijo?
—La llevé al salón porque le duele cuando la peino.
—Esos rizos son de William.
—No —contesté sin levantar la voz—. Esos rizos son de Olivia.
A Patty le tembló el mentón.
—Tú no sabes lo que es perder un hijo.
—No —admití—. Pero sí sé lo que es perder