Karina tenía deudas con tarjetas, préstamos y compras que su familia desconocía.
Y Mauricio llevaba años rescatándola.
Entonces comprendí por qué mi esposo había pedido que yo regresara a disculparme.
No estaba intentando mantener unida a su familia.
Estaba intentando impedir que yo descubriera qué estaban escondiendo.
Natalia colocó los estados de cuenta sobre su escritorio.
—Hay una reunión mañana.
—¿Con quién?
—Con todos.
—No pienso negociar que lastimaron a mi hija.
—No vamos a negociar eso.
Empujó hacia mí una carpeta negra.
—Vamos a dejar que se sienten juntos