Cuando regresé de un viaje de negocios, encontré a mi hija de 3 años rapada y acusada de robar un brazalete de oro. —Así aprenderá —dijo mi suegra. Me fui con mi hija. Esa noche la cámara oculta demostró quién era la verdadera ladrona. Pero al día siguiente, mi abogada puso una carpeta negra frente a mí y dijo: —El brazalete no es lo que debería preocuparte.

y se culpen entre ellos.

Abrí la carpeta.

Había extractos bancarios, capturas del video, el audio de Karina y documentos financieros.

En la última página había una transferencia que yo jamás había visto.

240,000 pesos.

Hecha por Mauricio 11 días antes.

El destinatario no era Karina.

Era Beatriz.

Y en ese momento comprendí que el brazalete robado no era ni siquiera el mayor secreto de aquella casa.

Parte 3

La reunión se realizó en el despacho de Natalia.

Cuando entré, Mauricio estaba sentado junto a sus padres y Karina.