Cuando regresé de un viaje de negocios, encontré a mi hija de 3 años rapada y acusada de robar un brazalete de oro. —Así aprenderá —dijo mi suegra. Me fui con mi hija. Esa noche la cámara oculta demostró quién era la verdadera ladrona. Pero al día siguiente, mi abogada puso una carpeta negra frente a mí y dijo: —El brazalete no es lo que debería preocuparte.

Sus pesadillas? ¿Los 860,000 pesos desaparecidos? ¿O el mensaje donde me pediste disculparme con quienes acababan de lastimarla?

Su rostro cambió.

Beatriz giró hacia él.

—¿Qué 860,000 pesos?

Natalia sacó los estados de cuenta.

Karina palideció.

Mauricio habló inmediatamente.

—Mamá, puedo explicarlo.

Natalia comenzó a colocar hojas sobre la mesa.

—Durante aproximadamente 4 años, Mauricio transfirió dinero de los fondos matrimoniales a Karina.

Beatriz miró a su hija.

—¿Cuánto?

—Más de 860,000 pesos.

Ramón se levantó de golpe.

—¿Estás loco?

Mauricio también se puso de pie.

—Siéntate.