La voz de Natalia fue tan firme que lo hizo obedecer.
Karina comenzó a sollozar.
—Yo iba a devolverlo.
Beatriz la observaba como si acabara de conocerla.
—¿Por eso robaste mi brazalete?
Karina no respondió.
—¡Contéstame!
—Sí.
—¿Y acusaste a Renata?
—Tenía miedo.
Sentí náuseas.
—No.
Todos voltearon hacia mí.
—No tuviste miedo. Elegiste a la persona más pequeña de la casa porque sabías que nadie iba a cuestionarte.
Karina escondió la cara.
Entonces saqué la última hoja.
—Ahora explíquenme esto.
Puse sobre la mesa la transferencia de 240,000