Cuando regresé de un viaje de negocios, encontré a mi hija de 3 años rapada y acusada de robar un brazalete de oro. —Así aprenderá —dijo mi suegra. Me fui con mi hija. Esa noche la cámara oculta demostró quién era la verdadera ladrona. Pero al día siguiente, mi abogada puso una carpeta negra frente a mí y dijo: —El brazalete no es lo que debería preocuparte.

pesos a Beatriz.

Mauricio perdió el color.

Su madre dejó de llorar.

Aquello me confirmó que ambos sabían perfectamente de qué se trataba.

—¿Qué es? —preguntó Ramón.

Nadie contestó.

—Mauricio.

Mi esposo tragó saliva.

—Mamá tenía un problema.

—¿Qué problema?

Beatriz apretó las manos.

Finalmente habló.

—Pedí dinero prestado.

—¿Para qué?

—No importa.

Natalia sacó otro documento.

Sí importaba.

Beatriz llevaba meses intentando cubrir un préstamo personal que había solicitado usando documentos de Mauricio como respaldo.

Cuando comenzaron a presionarla, Mauricio tomó 240,000 pesos de nuestra cuenta de ahorro