para ayudarla.
Yo no sabía nada.
Ramón tampoco.
El silencio se volvió insoportable.
Entonces comprendí cómo funcionaba aquella familia.
Karina robaba y Mauricio pagaba.
Beatriz mentía y Mauricio pagaba.
Ramón golpeaba y los demás lo llamaban carácter fuerte.
Y cuando alguien amenazaba con romper aquel equilibrio, escogían un culpable más débil.
Esta vez habían escogido a mi hija.
Natalia puso una carpeta frente a ellos.
—Estas son las condiciones.
Reconocimiento por escrito de que Renata jamás robó el brazalete.
Pago completo de su terapia.
Devolución de los recursos matrimoniales.
Orden