miré.
—Y Renata sigue siendo la niña a la que sujetaron mientras gritaba que era inocente.
Bajó la cabeza.
—Perdí a mi familia.
—No la perdiste ese día.
Levantó la mirada.
—La fuiste perdiendo cada vez que viste algo incorrecto y decidiste que era más fácil callar.
Nunca volvió a pedírmelo.
1 año después, el divorcio terminó.
Una tarde llevé a Renata al parque.
Su cabello ya le cubría las orejas.
Pasó corriendo junto a una niña que llevaba 2 largas trenzas.
Renata se detuvo.
—Mamá, cuando me crezca mucho