el pelo, ¿me haces unas así?
—Claro.
Entonces me miró muy seria.
—Pero si algún día quiero cortarlo, ¿yo decido?
Me agaché frente a ella.
—Siempre.
Sonrió.
—Porque es mío.
—Porque es tuyo.
Salió corriendo hacia los juegos.
Durante mucho tiempo pensé que nuestra familia había terminado la noche en que Ramón me golpeó.
Después entendí algo diferente.
Aquella familia ya llevaba años rota.
La mantenían unida el miedo, las deudas, los secretos y una regla silenciosa: nunca incomodar a quien hacía daño.
Yo simplemente fui la primera que dejó