Una niña de 7 años entró empapada a la comisaría sosteniendo a su hermana gemela y dijo: —Mi papá la obligó a beber algo. Luego se quitó el zapato y sacó una jeringa escondida bajo la plantilla. 11 minutos después, una camioneta negra frenó frente a la puerta. La niña miró por el cristal, empezó a temblar y susurró: —Es él. La agente vio al hombre acercarse… y cerró la comisaría con llave.kara

años ya sabía reconocer el miedo.

Me equivocaba.

Aquella niña no estaba asustada como alguien que se había perdido.

Estaba asustada como alguien que había escapado.

—¿Cómo te llamas?

—Camila.

Señaló a la pequeña que se abrazaba el abdomen.

—Ella es Renata. Somos gemelas.

Renata tenía los labios pálidos y pequeñas gotas de sudor en la frente.

Me acerqué despacio.

Camila se interpuso inmediatamente.

—No llame a mi papá.

Aquellas 5 palabras cambiaron todo.

Me agaché para quedar a su altura.

—No voy a obligarlas a irse con nadie. Pero