con enseñarles a hablar.
También necesitamos adultos dispuestos a escuchar.
Camila no necesitó ser más fuerte que su padre.
No necesitó entender leyes.
No necesitó demostrar que un médico reconocido estaba mintiendo.
Solo necesitó llegar a una puerta.
Y encontrar a alguien que no la cerrara.
Aquella tarde fui yo quien puso el seguro para impedir que su padre entrara.
Pero con el tiempo entendí algo.
La puerta verdaderamente importante había sido otra.
La que Camila tuvo el valor de abrir cuando dijo:
—Mi hermana necesita ayuda.
Y desde entonces,